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sábado, 26 de abril de 2014

#Educación #emocional: sentir para #aprender

Educación emocional: sentir para aprender

"La sociedad moderna, que ha alcanzado un grado de educación formal sin precedentes, también ha dado lugar a otras formas de ignorancia." Jean-Claude Michéa 
La educación siempre ha tenido que ver con verbos como leer, escribir, contar (en el doble sentido de calcular y de hablar). Con el paso del tiempo se incorporaron otros verbos como escuchar, hablar, pensar, comparar, deducir, construir.
Hoy, la educación necesita de la incorporación de nuevos verbos: cooperar, compartir, sentir, vivir... porque en nuestras aulas, como en la sociedad en general, aumentan los problemas de convivencia, los casos de acoso escolar (incluida su versión digital), los conflictos de disciplina...
Gracias a los estudios de Daniel Goleman y otros, sabemos que los aspectos emocionales están relacionados con el rendimiento académico y el bienestar personal tanto del alumnado como del profesorado. Sentirse bien con uno mismo y con los demás es una condición esencial para el aprendizaje. Emocionar en la escuela significa que “sentir” y “aprender” son conceptos dependientes y no antónimos como se cree habitualmente. Los aprendizajes vividos, aquellos que consiguen despertar sentimientos, emocionar, son los verdaderamente significativos y perdurables.
Buena parte de lo que hoy mal llamamos fracaso escolar tiene mucho que ver con una deficiente educación emocional, con la incapacidad para gestionar el conflicto y la frustración, de manera creativa y sin agresividad física o verbal. En la escuela actual, la gestión de las emociones es tan importante como la resolución de ecuaciones o redactar textos.
 Podemos olvidar las fechas exactas de los acontecimientos históricos (podemos encontrarlas con un solo clic), pero las capacidades emocionales y sociales que se aprendan en la escuela se utilizarán para toda la vida.
La participación activa de los alumnos en su propio aprendizaje y la existencia de un entorno propicio, respetuoso y bien gestionado son elementos clave para conseguir el aprendizaje emocional. 
También la tecnología, lejos de aislar al individuo o deshumanizarlo, facilita la socialización y es una herramienta eficaz para trabajar las emociones en el aula.
 Ahora quisiera destacar cinco aspectos fundamentales a trabajar en la escuela desde la perspectiva de la educación emocional:
-  Autoconciencia: tiene que ver con el conocimiento de uno mismo, con la autoestima. Conocerse a uno mismo para entender mejor a los demás.
-  Autogestión: tiene que ver con la autonomía personal, con la capacidad de emprender y la creatividad a la hora de afrontar diferentes situaciones. 
-  Conciencia socialización: saber que se pertenece a una colectividad a un grupo y que el trabajo colaborativo puede hacernos mejor.
-  Comunicación asertiva: escuchar activamente a los demás, tener buenas habilidades de relación.
- Toma de decisiones responsables: saber que nuestras acciones tienen consecuencias para uno mismo y para los demás.
Enseñar a sentir en la escuela es una manera de luchar contra el analfabetismo emocional. Dejemos entrar los sentimientos en el aula.

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